Lujo y automóviles

lujo

Hay términos que se usan un poco sin que exista un consenso claro sobre cuál es el significado exacto de los mismos. Entre esas palabras de escurridiza y difusa definición figura una que, relacionada directamente con la opulencia, la magnificencia y la riqueza, sirve para nombrar un sector bien diferenciado dentro de los más variados tipos de mercado. Esa palabra es lujo y puede utilizarse dentro de sectores tan variados como el de la joyería, el inmobiliario, el de la hostelería y, por supuesto, el del automóvil.

La palabra lujo hace llevar nuestra imaginación directamente hacia la noción de alto poder adquisitivo, de exclusividad, de calidad del producto, de la utilización de buenos materiales en la fabricación del mismo… Esto, claro, suele reflejarse directamente en el precio del producto de lujo del que estemos hablando. Pero el precio no es, en esencia, y eso debe quedar siempre claro cuando se habla de productos de lujo, lo que determina que un producto sea de lujo o no lo sea. Un producto caro no tiene por qué ser necesariamente un producto luxury, aunque debemos aceptar que un producto lujoso sí que acostumbra a ser, por definición, un producto caro.

El concepto de lujo, más que sobre el precio, se afirma sobre los cimientos de la búsqueda constante de la excelencia. Es esa búsqueda de la excelencia lo que imprime sobre el producto resultante de dicha búsqueda el sello de luxury. Un Porsche no es un automóvil de lujo porque sea caro. El mítico Porsche 911 es un coche de lujo porque la marca alemana intenta, siempre, llegar a esa excelencia de la que hablamos. Y lo mismo que sirve para el Porsche 911 sirve, también, para el Rolls-Royce Phantom, el Audi A8, el Mercedes Clase S, el BMW Serie 7, un Bentley, un Aston Martin, el Maserati Quattroporte, el Lincoln Continental o el Ferrari FF, así como para otros vehículos que podrían convertirse en la plasmación perfecta de esa búsqueda de la excelencia que guía el día a día de sus respectivas marcas fabricantes.

A nivel de acabados, prestaciones, ingeniería o equipamiento, los coches de lujo ofrecen características y niveles que no ofrecen vehículos de gamas inferiores. El coche de lujo es un coche que acostumbra a lucir una imagen poderosa y robusta. Habitualmente tiene un aire ligeramente deportivo y detalles de diseño que llaman la atención de quien los mira. En el automóvil de lujo, el atrevimiento en el diseño y el buen gusto van siempre de la mano, y la conectividad y la introducción de paneles que incorporan las versiones más actualizadas de las nuevas tecnologías es un imperativo. Junto a estas características, los vehículos luxury ofrecen seguridad y, por supuesto, unas prestaciones a la hora de circular que acostumbran a estar garantizadas por siete años.

Rolex

El automóvil de lujo, al igual que todo producto del sector del luxury, genera en su propietario un innegable y marcado sentimiento de diferenciación respecto al resto de los consumidores del sector al que pertenezca dicho producto. Un coche de lujo proporciona, por encima de todo, estatus. El propietario de un coche de lujo no va a poder aprovechar, con toda probabilidad, las prestaciones de velocidad y potencia de ese vehículo (es difícil y, además, está prohibido por ley, que el propietario de un Porsche pueda alcanzar, en las carreteras convencionales, los casi 350 km/h que, por ejemplo, alcanza el 918 Spyder) pero el hecho de poseer ese vehículo va a convertir a su propietario en alguien “diferente” y exclusivo.

Entre los compradores habituales de automóviles de lujo podemos encontrar desde millonarios anónimos hasta destacadas personalidades del mundo de la política, la cultura, la empresa o el deporte. Estamos acostumbrados a ver en las páginas de las publicaciones más diversas cómo futbolistas internacionalmente famosos lucen el último modelo de una determinada marca de vehículos de lujo. Junto a estos futbolistas de primera fila mundial, son clientes habituales de las marcas de coches de luxury, altos ejecutivos, actores, jeques, pilotos de Fórmula 1, coleccionistas millonarios, etc. Para cualquiera de estas personas, poseer un coche de lujo, un vehículo de marcas como Ferrari, Maserati, Bentley, Porsche o Lamborghini supone, siempre, gozar de una especie de distinción, de un aire exclusivo que es, precisamente, lo que busca un comprador cuando busca cualquier producto de lujo.

Uno de los indicadores que mejor indican hasta qué punto la economía de un país goza de un estado de salud positivo es el desarrollo de su mercado de productos de lujo y, en especial, el de su sector del automóvil luxury. Un país boyante económicamente es un país en el que las cifras de venta de coches de lujo son cifras crecientes. Mercados emergentes como, por ejemplo, el chino, han impulsado en buena medida el crecimiento del mercado de automóviles de lujo. En España, el progresivo alejamiento de la crisis desencadenada por la confluencia del estallido de la burbuja inmobiliaria española con la crisis financiera internacional permite augurar un próspero y duradero resurgir del mercado del automóvil de lujo.

lujo y coches

Ya para terminar, queremos recordar una histórica frase del no menos histórico George Best:

Gasté mi fortuna en mujeres, alcohol y coches; pero el resto lo desperdicié

Dicho esto, el lujo para un hombre se podría resumir en un Rolex, un Porsche 911 GTS y una mujer de bandera. Con estos atributos para ir bien acompañado no le sería necesario recurrir a acompañantes de lujo como las Escorts Barcelona que hay en la capital catalana o las Escorts Madrid ubicadas en la capital del estado. Pero no somos partidarios de mezclar términos machistas con el automóvil porque la propia visión del lujo que tiene una mujer, a pesar de ser bien diferente de la del hombre sin duda alguna coincidiría con el hombre en un automóvil a la altura de su estatus social (sin olvidar el Rolex, claro está).

enviar comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados *

Call Now Button
WhatsApp chat