El Castillo de Neuschwanstein

Si hay un castillo en el mundo que puede ser tenido por un castillo de cuento de hadas ese castillo es el castillo de Neuschwanstein. De hecho, el castillo de Neuschwanstein fue en su día el castillo que sirvió de inspiración para crear el famoso castillo de la Bella Durmiente en el film de Disney.

Ubicado en el sur de Baviera y a poco más de 100 kilómetros de Múnich, a cinco kilómetros de la frontera con Austria, el castillo de Neuschwanstein está enclavado en lo alto de un risco y se encuentra rodeado por bosques frondosos. Este castillo, junto a los palacios de Linderhof y Herrenchiemsee, forma parte de un conjunto que se conoce como “Castillos del Rey Loco”.

¿Quién es el famoso Rey Loco? Luis II de Baviera, monarca bávaro que vivió entre 1845 y 1886 y que reinó durante sus últimos 22 años de vida. Hombre soñador por naturaleza, Luis II de Baviera idealizó desde niño las figuras de los grandes héroes de la mitología germánica, los mismos que Richard Wagner, compositor admirado y protegido por el monarca bávaro, ensalzó en sus óperas. Esa imaginación fantasiosa llevó a Luis II a desear vivir en un castillo o un palacio que estuviera a la altura de sus sueños. Ese deseo fue el que le llevó a iniciar la construcción del castillo de Neuschwanstein.

El castillo de Neuschwanstein es, de algún modo, el reflejo de los ideales y de los anhelos del rey Luis II. La admiración desorbitada hacia Wagner hizo que Luis II pidiera dos cosas: que la mayor parte de las pinturas que decoran el castillo estuvieran inspiradas en las óperas de Wagner y que las diferentes estancias se construyeran como si en ellas debiera representarse una ópera del admirado compositor de Leipzig. Junto a estas exigencias, Luis II quiso también que su palacio-castillo, aunque tuviera aspecto de construcción medieval, estuviera dotado de las mayores comodidades de la época. Así, el castillo de Neuschwanstein tenía calefacción central de aire caliente, agua corriente caliente y fría, luz eléctrica, desagües automáticos y línea telefónica.

El castillo de Neuschwanstein empezó a construirse en 1868 sólo con materiales bávaros. Ésa, junto a la de que los trabajadores que se encargaran de la construcción fueran también bávaros, fue una de las exigencias del Rey Loco. Se tardó en construir casi dos décadas, lo que impidió a Luis II disfrutar de él. En 1886, Luis II fue arrestado mientras dormía en sus aposentos. Su presunta incapacidad mental impedía su permanencia al frente de Baviera. Poco tiempo después de ser detenido, el Rey Loco fallecía al ahogarse en un lago.

El castillo de Neuschwanstein tiene alrededor de 200 cuartos. Entre todas sus estancias destacan las siguientes:

  • Sala del Trono. En esta sala esperaba Luis II que fuera colocado su trono. Ubicada entre el tercer y el cuarto piso, esta estancia mide 13 metros de altura. La sala del trono está decorada en sus laterales con arcas doradas y el lugar en el que se habría colocado el trono es un ábside. Al concebir esta sala del trono como una especie de templo de inspiración bizantina, Luis II se otorgaba el papel de mediador entre su pueblo y Dios. Vista desde la entrada de la sala, la gran lámpara que cuelga del techo de la misma crea el efecto óptico de una enorme corona que “flotara” sobre el lugar en el que debía sentarse el rey.
  • Sala de los Cantores. Con la construcción de esta sala Luis II pretendía rendir culto a Parsifal, Lohengrin, Tannhäuser y otras figuras y sagas de la tradición caballeresca medieval germánica. En esta sala, además, se puede encontrar más de una referencia al animal predilecto de Luis II: el cisne. A éste se le puede contemplar en escudos, bordados, sellos, pinturas, etc.
  • Dormitorio del rey
  • Capilla

Durante la Segunda Guerra Mundial, las autoridades nazis decidieron ocultar en el castillo de Neuschwanstein las obras de arte y el oro requisados a los judíos. Las autoridades dieron orden de destruir el castillo en caso de que el país resultara derrotado en la guerra. Por suerte, la derrota del Reich no trajo consigo la destrucción del castillo de Neuschwanstein.

Cercano al castillo de Neuschwanstein, a apenas 2 km de él, se encuentra el castillo de Hohenschwangau. En este castillo pasó gran parte de su infancia Luis II. Mirando desde sus ventanas contemplaba el farallón en el que se acabaría construyendo el castillo de Neuschwanstein. Para conseguir una excepcional vista del mismo hay que ubicarse en el llamado Puente de María o Marienbrücke, un puente colgante que atraviesa el desfiladero de Pöllat y que se encuentra a unos 600 metros de la entrada del castillo.

Considerado uno de los lugares turísticos más emblemáticos de Alemania, el castillo de Neuschwanstein recibe cerca de 10.000 visitantes al día, lo que supone más de 1,4 millones de visitantes al año. Su cercanía a Múnich convierte al castillo de Neuschwanstein en un lugar ideal para realizar una excursión de un día. Se puede llegar allí en transporte público (en tren hasta Füssen y, después, en autobús y caminando), en vehículo propio o de alquiler, o mediante alguna de las excursiones que pueden contratarse en Múnich. Con la contratación de estas excursiones se puede disfrutar de los servicios de un guía durante toda la visita, que debe estar programada y que sólo podrá realizarse a la hora que se indique en la entrada.

Si deseas más información sobre el castillo de Neuschwanstein puedes visitar su web oficial: neuschwanstein.de.

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