La abadía de Wibligen

El barroco está unido indisolublemente a la historia y la cultura de Alemania. Quien visita Alemania puede disfrutar de un interminable listado de monumentos de estilo barroco. Tanto en la zona del Palatinado-Sarro, como en Baviera o en la Alta Suabia, Alemania ofrece maravillosas e interesantísimas rutas barrocas. En la última zona citada, en la Alta Suabia, en un lugar denominado Wiblingen, que en su día fue una villa independiente y hoy forma parte de la ciudad de Ulm, se encuentra la abadía de Wiblingen, una basílica que antaño fue una abadía benedictina y también, durante un tiempo, barracones militares.

Quien visite Wiblingen y se acerque a la abadía comprobará que los edificios de esta abadía albergan actualmente algunos departamentos de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ulm.

Fundada en 1093 por los condes Hartmann y Otto von Kirchberg, la abadía de Wiblingen es fruto de un regalo que los mencionados condes hicieron a los monjes de la abadía de San Blas, en la Selva Negra. El regalo consistió en unas tierras que los condes cedieron a los religiosos y que se hallaban muy cercanas al río Iller, un afluente del Danubio que, al sur de Ulm, se une con él. Los monjes decidieron construir en dichas tierras una institución filial de su abadía de la Selva Negra. Esa filial sería, finalmente, la abadía de Wiblingen.

Los primeros edificios de la abadía de Wiblingen fueron consagrados en 1099. Para dar mayor relevancia al lugar, los condes fundadores de la abadía ofrecieron a la misma una astilla de la Vera Cruz, es decir, de la cruz en la que, según la tradición católica y ortodoxa, fue crucificado Jesús. Como tantas otras reliquias religiosas que se encuentran diseminadas por toda Europa, la astilla de la Vera Cruz que los condes von Kirchberg regalaron a la abadía de Wiblingen procedía de los botines adquiridos durante la Primera Cruzada.

Típicamente benedictina, es decir, entregada de manera ejemplar a la disciplina monástica y al estudio, la congregación de religiosos que moraban en la abadía de Wiblingen hicieron de ella un lugar prestigioso por el alto nivel de erudición conseguida en ella tanto durante la Alta como durante la Baja Edad Media. Eso no impidió que, llegada la Guerra de los Treinta años, que se desarrolló entre los años 1618 y 1648, la abadía de Wiblingen sufriera numerosos ataques y daños. Fue en ese tiempo cuando uno de sus abades decidió, para protegerla del ataque las tropas suecas protestantes, esconder la reliquia de la Vera Cruz que a la abadía habían regalado los condes fundadores de la misma.

Una vez hubieron marchado las tropas suecas, los moradores de la abadía de Wiblingen se encontraron con un serio problema: nadie recordaba dónde se había escondido la astilla de la Vera Cruz. De hecho, quienes se habían ocupado de esconderla habían fallecido a causa de la peste bubónica. Fue solo la casualidad quien permitió, años después y gracias a unas obras de remodelación, que apareciera la santa reliquia. Estaba emparedada tras un muro.

En 1714 se iniciaron las tareas de remodelación de la abadía. Fue en este tiempo cuando se ampliaron y cambiaron las estructuras de la antigua abadía medieval. Fue en este tiempo, también, cuando se construyeron la mayor parte de los edificios que hoy forman el complejo de la abadía de Wiblingen. Éstos, a excepción de la iglesia, que se construiría en estilo neoclásico, que se usa como parroquia católica en honor de San Martín y que, por decisión del Papa Juan Pablo II, está considerada desde 1993 basílica menor, se erigieron en estilo barroco tardío.

La biblioteca barroca de Wiblingen

De entre todos los edificios que forman parte de la abadía de Wiblingen hay uno que destaca por su espectacularidad y su impresionante belleza: su biblioteca. La biblioteca de la abadía de Wiblingen figura, sin duda, entre las más bellas del mundo. No importa que sus columnas y las estatuas que pueblan esta hermosa biblioteca no sean auténticamente de mármol sino que solo aparentan serlo. Sin duda, y más allá de la exuberancia barroca de este espacio, tiene mucho mérito que la madera pintada (pues de eso están hechas tanto las estatuas como las columnas) pueda dar el pego como lo da.

La biblioteca de la abadía de Wiblingen está dividida en dos pisos. El piso superior, sin embargo, solo es un espacio para deambular, una galería circunscrita por una balaustrada desde la que, asomados a ella, puede contemplarse la planta baja. Esta galería está sostenida por un conjunto de columnas que rodean toda la planta baja. Ésta, a su vez, está decorada por cuatro bellas figuras, dos cada lado de la sala.

En la entrada de esta sala reza un lema en latín. Ese lema es el siguiente: “En quo omnes tesauros sapientiae te Scientiae”. Es decir: “En el que se almacenan todos los tesoros del conocimiento y la ciencia”. Sin duda, un lema que le cuadra muy bien a una sala como ésta.

Traspasadas sus puertas y una vez en ella, uno de los muchos atractivos de la misma es el techo. Profusamente decorado, el techo de la biblioteca barroca de Wiblingen es, simple y llanamente, espectacular. Las imágenes y escenas que se pueden contemplar en él, al igual que el resto de imágenes que pueden contemplarse en las paredes de la biblioteca, son imágenes que tienen que ver con el conocimiento tanto cristiano como pagano.

La biblioteca de Wiblingen, que está ubicada en el ala norte de la abadía, está abierta al público y puede visitarse mediante recorridos guiados. También pueden visitarse la iglesia y el museo de la abadía. Éste, abierto desde 2006, se ubica en lo que antiguamente eran las habitaciones de invitados de la abadía.

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