El Escarabajo: un clásico entre los clásicos

El pueblo alemán debía tener un automóvil económico, simple y confiable. Ésa era una de las ideas que bullían en la cabeza de Adolf Hitler cuando subió al poder. En febrero de 1933, apenas unas semanas después de haber sido nombrado canciller, Hitler anunció que estaba dispuesto a impulsar una política que permitiera la motorización popular para, de ese modo, dar sentido a la red de autopistas que había diseñado para unir todo el país por carretera y para que las distancias entre las principales ciudades germanas se recorrieran en el menor tiempo posible.

La red de autopistas diseñada por Hitler recibiría el nombre de Autobahn estaría compuesta por calzadas con tres carriles en cada sentido. Cada uno de esos carriles tendría una anchura mínima de 2,5 metros y bajo la capa de asfalto habría un mínimo de 60 cm de cemento. Las barreras de seguridad a ambos lados de la calzada, así como un buen peraltado de las curvas, debían permitir a los vehículos que circularan por aquellas autopistas hacerlo con absoluta seguridad. En los planes iniciales se valoró la posibilidad de limitar la velocidad de circulación por la Autobahn a 160 km/h. Finalmente se decidió no limitar la velocidad.

Para convertir en realidad su sueño de ver esas carreteras llenas de coches, Hitler necesitaba contar con un creativo que fuera capaz de diseñar y construir un auto pequeño que pudiera ser producido en serie y a un precio que permitiera la venta masiva del mismo. Hitler encontró a ese creativo en la figura del ingeniero de origen checo Ferdinand Porsche.

Porsche, que se vio obligado a renunciar a su ciudadanía checa para adoptar la alemana y de ese modo poder ser citado en los medios de comunicación y en las campañas publicitarias del régimen como “el gran ingeniero alemán”, encontró en el apoyo de Hitler una ocasión única para, sin tener que preocuparse en exceso por los costes, trabajar y avanzar en el desarrollo de diversos prototipos que tenía en mente. Los problemas de financiación a los que tuviera que enfrentarse Porsche para desarrollar sus proyectos estaban resueltos por el apoyo todopoderoso del Estado alemán.

Un coche para el pueblo

Uno de los requisitos que debía cumplir el vehículo construido por Porsche era que su motor (trasero) estuviera refrigerado por aire. ¿Qué se pretendía con eso? Evitar que los crudos inviernos alemanes congelaran los radiadores. Otros de los requisitos que Hitler exigía al prototipo de Porsche es que el vehículo debía poder transportar a dos adultos y tres niños, debía poder alcanzar los 100 km/h y debía costar un máximo de 990 marcos. ¿La línea estilístico el vehículo? Según Hitler, Porsche debía fijarse en la naturaleza. La naturaleza, según el dirigente nazi y pintor frustrado, proporcionaría al ingeniero la inspiración necesaria para conseguir que el futuro “auto para el pueblo” (eso, ni más ni menos, quiere decir Volkswagen) tuviera una línea de diseño bella y, al mismo tiempo, aerodinámica. La última exigencia del Führer tenía que ver con el mantenimiento del coche del pueblo. Éste debía ser lo más sencillo posible.

Los requisitos de Hitler para la construcción de aquel vehículo que iba a permitir motorizarse a un gran número de ciudadanos alemanes no debían suponer, en principio, gran problema para Porsche. No en vano, Ferdinand Porsche ya había realizado algún que otro prototipo orientado a crear un coche de ese tipo. Con el respaldo del Reich, el genial ingeniero alemán encontró el impulso financiero que necesitaba para llevar a cabo el desarrollo y fabricación de dichos prototipos.

Del diseño estilístico del automóvil solicitado por Hitler se encargó Erwin Komenda, jefe de diseño de Porsche. Ese coche, según deseo expreso de Hitler, debía llamarse “Kraft durch Freude” (KdF o Fuerza a través de la Alegría). Hasta la terminación del proyecto se realizaron unos 38 prototipos. Fue hacia 1935 cuando aparecieron los primeros prototipos del KdF-Wagen o Tipo 60. Con el distintivo perfil curvo que había de hacer célebre al Escarabajo, este primer prototipo, fabricado en Daimler-Benz, en Stuttgart, tenía un motor trasero de 4 cilindros Bóxer enfriado por aire.

En 1938, Hitler, para dar mayor impulso al proyecto y poder producir en masa ese vehículo, mandó construir una fábrica dedicada en exclusiva a la fabricación del Tipo 60. Esa fábrica, construida en el condado de Wolfsburg, fue inaugurada por Hitler el 26 de mayo de 1938.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial hizo que la producción del KdF-Wagen se destinara a fines militares. El carácter todoterreno del KdF y la buena respuesta del motor a las altas temperaturas lo convirtieron en un auto ideal para servir de ayuda en la guerra que Alemania libraba en el norte de África. Tomando como base el KdF, Volkswagen fabricó el anfibio Schwimmwagen y el todoterreno Kübelwagen Tipo 82.

El nacimiento del Beetle

El estallido del conflicto bélico convirtió la fábrica de Volkswagen en Wolfsburg fue blanco preferencial de los bombardeos aliados, lo que hizo que sufriera importantes daños durante la Segunda Guerra Mundial. Los equipos de la fábrica fueron salvaguardados en bunkers. Los británicos, al ocupar Alemania, se encargaron de limpiar la fábrica y de rescatar dichos equipos. El impulsor de esta tarea de rescate de los viejos equipos fue el Mayor Iván Hirst. Hirst, perteneciente al cuerpo de ingenieros eléctricos y mecánicos del ejército real británico convenció a sus superiores de la necesidad de poner en funcionamiento la fábrica para, con ella, producir automóviles para las fuerzas de ocupación.

Puesta de nuevo en funcionamiento, la fábrica que en su día inaugurara Hitler sirvió para proveer de vehículos a las fuerzas armadas británicas. En apenas diez años, en dicha fábrica se produjeron un millón de vehículos. Pese a ello, ni los fabricantes británicos ni los estadounidenses aceptaron hacerse cargo de Volkswagen ni de la fabricación del que había sido el KdF soñado por Hitler y que había pasado a llamarse, desde que los británicos se habían puesto al mando de la fábrica, Tipo 1. Aquel vehículo era demasiado feo, decían; y demasiado ruidoso. Lo consideraban, pues, un coche inferior tanto a nivel técnico como a nivel de diseño a los modelos de automóvil que en aquel momento se producían en Estados Unidos o en Gran Bretaña.

Al final, fue el propio estado alemán quien se hizo cargo de la marca y eso, seguramente, fue lo que salvó a Volkswagen y, con ella, al viejo vehículo soñado por Adolf Hitler. A partir de entonces, el que había sido originariamente el KdF-Wagen fue rebautizado como Beetle o Escarabajo, y se fabricaría durante muchos años. Durante todos esos años, el Volkswagen Escarabajo experimentaría notables transformaciones, especialmente en su mecánica. Pese a todas esas transformaciones, el Escarabajo mantendría una serie de características básicas. Entre dichas características podemos distinguir las siguientes:

  • Motor y tracción traseros.
  • Motor Bóxer de 4 cilindros, refrigerado por agua.
  • Carrocería de dos puertas con parabrisas frontal plano.
  • Barras de torsión en las suspensiones delantera y trasera.
  • Motor, transmisión y culata construidos en aleación ligera.
  • Enfriador del aceite del motor que garantizaba una correcta temperatura de funcionamiento y una larga vida del motor. Gracias a la existencia de un termostato, se optimizaba la labor desarrollada por dicho enfriador, pues no actuaba cuando el motor estaba frío.
  • Transmisión manual de 4 velocidades (a partir de 1961 se ofreció a los posibles compradores una versión opcional con transmisión semiautomática).

El aspecto general del Volkswagen Escarabajo no varió a lo largo de su vida útil, pero los cambios realizados en él no fueron pocos. De hecho, se dice que durante su producción el Escarabajo experimentó nada más y nada menos que la friolera de 78.000 cambios sucesivos.

El Volkswagen Escarabajo ha sido denominado de muy diversos modos en diferentes partes del mundo. Aparte de como Beetle (nombre con el que se hizo popular en Gran Bretaña), al Escarabajo se le ha conocido en los países hispanohablantes como Volkswagen Sedán, Volkswagen Vocho, Peta, Pichirilo, Fusca, Poncho, Sapo o, en francés, Coccinelle (literalmente, “mariquita”).

Sin duda, el Volkswagen Escarabajo es un clásico entre los clásicos en el mundo de la automoción. Fruto de la confluencia de dos voluntades, la de Adolf Hitler y la de Ferdinand Porsche, el Escarabajo es hoy todo un icono en el universo de la automoción. Y eso, sin duda, no todas las creaciones lo consiguen.

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