Quedlinburg: una ciudad de cuento

Cuando se habla de visitar lugares turísticos del centro de Europa es irremediable pensar en lugares que tienen todo el aire de ser pueblos de cuentos de hadas, pueblos que, tranquilamente, podrían haber servido a los hermanos Grimm para ambientar cualquiera de sus cuentos. Si hay un lugar que, en Alemania, se adapta perfectamente a dicha descripción, ese pueblo es Quedlinburg, un bellísimo pueblo de casas entramadas ubicado en el estado de Sajonia-Anhalt, en el distrito de Harz.

Rodeada por un bosque frondoso y ubicada a orillas del río Bode, Quedlinburg fue declarada Patrimonio de la Humanidad en 1994. Sus 1.200 casas de vigas entramadas construidas a lo largo de seis siglos convierten en Quedlinburg en una ciudad única y especial. En Quedlinburg se halla la Ständerbau, la más antigua construcción alemana en su estilo arquitectónico.

Breve historia de Quedlinburg

Quedlinburg es una ciudad cargada de historia. No en vano, hay estudios históricos que demuestran que en los terrenos en que se encuentra Quedlinburg ya existieron asentamientos humanos durante la época del Neolítico. La primera referencia oficial a la ciudad, sin embargo, se remonta al año 1922. Fue en esa fecha cuando el duque de Sajonia y primer rey de la Francia Oriental, Enrique I “El Pajarero”, al que se considera el primer rey alemán y fundador del Sacro Imperio Romano Germánico, hizo alusión por escrito a la población de Quedlinburg. Fue también por esa fecha cuando el monarca ordenó construir un castillo en la localidad.

La esposa de Enrique I, Matilde de Ringelgheim, tuvo también una gran importancia en la historia de Quedlinburg. Tras el fallecimiento de su marido, la reina viuda, que acabaría siendo canonizada y convirtiéndose en Santa Matilde, ordenó fundar el que acabaría convirtiéndose en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: la colegiata de Quedlinburg. Esta colegiata, que empezó siendo un convento, acabó convirtiéndose en toda una abadía.

Junto al período del reinado de Enrique I, la Guerra de los Treinta Años, acaecida entre los años 1618 y 1648, fue otro de los períodos capitales en la historia de Quedlinburg. Durante esos treinta años durante los cuales tuvo lugar un conflicto bélico en el que intervinieron la mayoría de las grandes potencias europeas, Quedlinburg vivió un gran desarrollo. Fue precisamente durante esos años cuando se construyeron la mayor parte de sus casas de vigas entramadas, un tipo de construcción típicamente alemana y única en el mundo. El visitante que desee conocer las características y la historia de este tipo de construcción podrá hacerlo visitando el Fachwerkbaumuseum, ubicado en el número 3 de Wordgasse.

plaza de Quedlinburg

Al visitar Alemania, ningún turista debería obviar que el país quedó literalmente arrasado tras la Segunda Guerra Mundial. Los bombardeos y la llegada de los ejércitos invasores afectaron gravemente a la arquitectura de todas las ciudades del país. Si alguien desea conocer como era, en buena medida, la Alemania de antes de la contienda mundial, una buena opción para hacerlo es visitar las viejas calles empedradas de Quedlinburg y contemplar mientras se pasea las coloridas fachadas de sus casas entramadas.

Aunque Quedlinburg también fue afectada por la llegada de las tropas rusas, lo cierto es que nunca fue bombardeada y que, por tanto, y pese a los daños recibidos, no necesitó ser derruida completamente y vuelta a construir como sucedió con la inmensa mayoría de las ciudades alemanas. Los habitantes de Quedlinburg, que actualmente rondan la cifra de 20.000, optaron en su momento por rehabilitarla poco a poco antes que por derruirla para levantarla de nuevo.

casas de quedlinburg

Ubicada en lo que en su tiempo fue la República Democrática Alemana, el mayor peligro para la arquitectura tradicional de la ciudad vino en su momento de las propias autoridades de la RDA.
Éstas se plantearon en algún momento la demolición de la parte vieja de Quedlinburg para, en su lugar, levantar una población de características arquitectónicas típicamente “socialistas”. La falta de fondos impidió que dichos planes se llevaran a cabo y nos permite, hoy, gozar de la belleza medieval de Quedlinburg. La reunificación alemana, por su parte, supuso un importante impulso a las tareas de restauración del conjunto arquitectónico de la ciudad.

Atractivos turísticos de Quedlinburg

Como toda ciudad medieval, Quedlinburg está levantada alrededor de un espacio central, la plaza, que era donde tradicionalmente se establecía el mercado. Por ese motivo, como en tantos otros lugares de Alemania, la plaza central de la localidad recibe el nombre de Plaza del Mercado. Es en ella donde el viajero que visite Quedlinburg podrá encontrar el Ayuntamiento de la ciudad, una edificación de estilo barroco que guarda en su interior la vieja estatua de Rolando, símbolo de la independencia de una ciudad que, gracias al monarca Otón III, gozó de derecho para acuñar moneda propia e instaurar su propia aduana.

castillo de Quedlinburg

Entre los lugares de obligada visita de Quedlinburg hay que destacar el conjunto compuesto por el castillo que mandara construir Enrique I y la antigua abadía que mandó construir su esposa y en donde, precisamente, reposan los restos mortales del matrimonio. Este conjunto se halla en la cima de un monte al que se asciende por una rampa. Desde este conjunto arquitectónico puede gozarse de una maravillosa vista tanto de la ciudad como de las tierras que las rodean, muchas ellas destinadas al cultivo de flores, que es una de las principales actividades económicas de Quedlinburg.

Quien visite el castillo de Quedlinburg debe tener presente que el castillo que se puede contemplar ahora no es el original que el monarca mandara construir en el siglo X, sino otro que se levantó después, en época renacentista. En el interior de este castillo, el visitante encontrará una magnífica biblioteca. Tampoco queda mucho de la antigua abadía de Quedlinburg, pero sí una magnífica colegiata de estilo románico, la colegiata de San Servacio, que posee una interesante cripta y una cámara del tesoro. Algunos de los tesoros más valiosos de esta cámara fueron robados por un soldado estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial. Dichos objetos, que aparecieron en 1987, fueron devueltos a la iglesia, tras muchos litigios, en 1993.

Otros de los lugares dignos de ser visitados en Quedlinburg son las iglesias góticas de San Nicolás, de confesión evangelista, y San Benedicto. Junto a estas iglesias también destacan las de San Wiperti, que posee una pequeña cripta románica, y la de Santa Matilde, de estilo neogótico.

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